Saco y corbata

En un café en vía Argentina, tres hombres vestidos con saco y corbata, trajes finos y relojes caros se sientan a analizar el acontecer del país. Los tres se conocen desde hace mucho tiempo, dos de ellos fueron compañeros en la facultad de derecho. Uno de ellos es blanco, con cabello canoso en sus sienes y calvo arriba. Su nombre es Fernando Carrera, un abogado multiuso y creador de sociedades y mediador en problemas domésticos.

Reynaldo Bermúdez es el más famoso de los tres, un hombre alto, delgado y el orgullo nacional. Socio director de Carrillo, Fernández y Bermúdez donde la  verdad pasa poco tiempo ya que se la pasa opinando hasta de futbol en los canales de TV donde no falla una sola mañana en los programas de opinión.

El tercero es el becario y asistente personal de Bermúdez, un joven que trata de aprender todo lo que puede de estos dos abogados brillantes y de trayectoria, su nombre es Charlie Algandona. Él escucha las historias de Fernando sobre sus grandes victorias y todo el dinero que ha ganado creando sociedades y torciendo la ley para obtener resultados y sobre Bermúdez pues es su mentor, su maestro, su ejemplo a seguir.

Los  tres se creen que han hecho todo bien en la vida, Fernando desde su silla en el café se dedica a criticar a aquellos que estudian carreras que no sirven, Bermúdez lo secunda diciendo que ya los jóvenes no quieren profesiones de saco y corbata y que esos hippies son una escoria de la sociedad. Gracias a Dios su hija escogió una profesión como la suya, Fernando solo ríe, pero no dice nada, su hijo no ha querido seguir sus pasos y dada su situación que no  va con la imagen que él quiere demostrar, pues poco habla de él.

Terminada la conversación matinal, Bermúdez se disculpa con Fernando y le indica que deben retirarse a grabar el programa de domingo de esta semana. Fernando le da un último sorbo a su café y se ofrece a pagar la cuenta, Carrera se queda en la mesa a esperar la cuenta que paga, pero sin dar propina.

Unos minutos más  tarde un carro se detiene frente al café a recoger a Fernando, son los hermanos Valentino, un dúo de colombianos que son la principal fuente de ingresos de Fernando. Se la viven de leguleyos alquilando y subarrendando apartamentos que luego vienen y los quieren echar por obvias razones, Fernando es su Saul Goodman.

Mientras resuelven un problema cerca del área, Fernando recibe una llamada, es una señora con acento de barrio y muy enojada, con improperios le pregunta cuándo  va a pasar la manutención del hijo pequeño de los dos, Fernando dice que no tiene dinero, que con la pandemia la cosa está cruel y que ahora mismo está trabajando, la mujer le da hasta el viernes para pagar o le mete una boleta.

Fernando sigue como si nada y vuelve al “trabajo” con sus dos compinches. Más tarde llegan a un restaurante donde Fernando va a comer regularmente, como un presidente saluda a los comensales que lo tratan como un hombre honorable, él se mete en la película y como todo un mandatario se sienta a comer, al salir pide que le anoten en la cuenta la comida suya y la de sus dos amigos. La gerente del restaurante, encandilada con el carisma de Fernando ni se molesta  en cobrarle.

Al marcharse el abogado y sus amigos, el dueño del restaurante le pregunta por la cuenta del señor Carrera, al verla esta asciende a 200 dólares. Enojado le pregunta a la gerente hasta cuándo va a seguir permitiéndole comer gratis, ella despreocupada dice que él paga a final de mes y que no se preocupe.

Bermúdez mientras tanto está en su programa de TV opinando hasta de cricket, con su seriedad y credibilidad es reverenciado por medio país que lo ve como el referente de empresario exitoso, con una hija y una esposa hermosa, su familia es un ejemplo de buen ver y buen hacer. Su hija, una abogada tan reconocida como su padre es referente entre las juventudes empresariales, sin embargo, nadie sabe que cada vez que va hacer una aparición en TV, ella se mete su esnife de perico colombiano.

Cae la noche y Reynaldo toma una desviación hacia la Avenida de los Mártires, en una esquina hay varias mujeres trans ofreciendo su cuerpo por un par de monedas. Reynaldo se detiene y una de las meretrices, flaca, casi en el hueso y sin varios dientes se acerca al carro como si ya lo conociera. Reynaldo le sonríe y le dice que se monte, la mujer le pregunta si esta noche lo quiere  a “rin pelao”. Bermúdez se saborea nada más escucharlo y arranca hacia un hotel de mala muerte donde ya lo conocen.

Mientras tanto, Charlie está en el apartamento de la hija de Bermúdez, acaban de tener sexo. Mientras el becario se toma un trago, Alissa se mete un pase en el baño. Charlie aparece y la abraza por detrás y le da un beso, luego le dice que todavía no le ha pagado la coca de la semana pasada y que este sábado le trae más si le paga la que ya le debe. En ese mismo momento, la esposa de Bermúdez va al hospital Paitilla a recoger un cargamento de medicamentos para ella y su esposo. Llega a la casa y al abrir la caja son varios medicamentos que corresponden al tratamiento de la triple terapia para el VIH. Dios sabe cuánto ha tenido que pagar para que eso no se sepa.

Los  Valentino dejan a Carrera en su casa, un edificio en Bella Vista donde debe hasta el modo de caminar. No lo han sacado por consideración con su hijo con problemas de salud mental, esquizofrenia grave. Al llegar al apartamento, lo espera su hijo totalmente dopado con los medicamentos acostado en una cama de mala calidad, la casa sucia, nadie limpia ni hace nada. El apartamento huele a ropa sucia y sudor. Sin embargo, cuando hay reunión familiar es el primero en mandar a bañar a su hijo, vestirlo bien y figurar con la familia la apariencia de padre abnegado desde la muerte de la madre del muchacho.

De sus adorados sacos solo le quedan un par, el resto dañados por el tiempo  y mal parchados, parches que sabe esconder bien y que solo el ojo de águila los nota. Le tocan la puerta, es el dueño del edificio para reclamarle de nuevo la falta de pago, ambos discuten y Fernando da las excusas de siempre: la pandemia, el PRD, la cosa está cruel…

Al día siguiente los tres están de nuevo reunidos en el café, quienes los ven los miran con admiración, hombres en traje, hombres destacados, de honor. Hombres que ante la sociedad son reverenciados como el ejemplo a seguir, el ideal pero que al final, solo son saco y corbata, saco y corbata.

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