El conjuro de la risa

Era una mañana cualquiera, Otón estaba en su puesto de trabajo atendiendo a los clientes de la financiera. Estamos en pandemia y mucha gente debe dinero, una señora se acerca a su escritorio dado que ya era su turno. Otón revisa su documentación y le dice que su préstamo ya está vencido y que el carrito sandwichero que tiene como garantía pasa a ser propiedad de la financiera.

La señora muy compungida le ruega para que le de chance, que tiene un evento y que pagará la totalidad de la deuda una vez recoja las ganancias. Otón sin siquiera mirarla sella la orden de remate se la entrega y le dice con una sonrisa sarcástica “Que tenga un buen día”.

La señora al borde de las lágrimas, muda su rostro triste a uno lleno de rabia. Los ojos se le inyectan de sangre y señalándolo le dice “por tu falta de humanidad yo te condeno, que con esa misma mueca que has hecho te rías en los momentos que no debes”. Otón se ríe a carcajadas y llama al seguridad que se lleva a la señora.

El siguiente cliente es un señor en silla de ruedas, se estaciona frente al cubículo de Otón, de repente a su lado un espíritu se para al lado del empleado. Mientras el hombre en silla de ruedas le cuenta sus desgracias y el por qué necesita un préstamo, Otón logra escuchar claramente del espíritu que le dice “parece que su vida va SOBRE RUEDAS”. Otón al escuchar esto esboza una ligera sonrisa que por dentro es una carcajada.

El señor con necesidades especiales nota el gesto de Otón y le reclama su falta de consideración, el espíritu le dice a Otón “si te ríes el man te puede meter una patada, oh cierto…” Otón se tapa la boca para no reírse, es en ese momento cuando el señor le pide hablar con un supervisor. El jefe llega y llama a Otón aparte para darle una arenga.

Mientras el Gerente de sucursal le habla, Otón apenado lo escucha atentamente, es ahí donde el espíritu le dice “este tipo tiene voz de teletubbi empastillado”. Otón hasta que apretó para contener la risa, aprieta los labios mientras sus ojos se llenan de lágrimas, no puede más y se ríe en la cara del jefe. Acto seguido lo botan.

Muy triste Otón va caminando y se da cuenta que debe ir al baño, corriendo va a un mall cerca y llega al baño donde en el cubículo de al lado hay un hombre grande y musculoso. El espíritu se hace visible a los ojos de Otón, un hombre flaco con tuxedo, bigotito delgado y un sombrero de copa. El fantasma mira al cubículo del hombre grande y dice “lo tiene chiquito, pero es un buen prepucio”.

Otón despertó en el hospital, tiene roto hasta el modo de caminar, la paliza que le dio ese hombre fue de antología. Al pie de la cama está la mujer preocupada y llorando, justo ahí va entrando el cuñado de Otón con su sobrino y  detrás de él, el espíritu. Otón pela los ojos aterrorizado, el espíritu esboza una sonrisa y le dice “ese sobrino tuyo tiene las orejas del vecino de tu cuñado, es igual de feo”. Seguidamente el espíritu saca una foto del vecino del cuñado, Otón mira la foto, luego a su sobrino y después a su cuñado que notando por donde vienen los tiros, como siempre cada vez que lo ven con su hijo, lo mira con desaprobación y más atrás la mujer. En eso pasa la señora del carrito cerca de la habitación y ella solo sonríe ante la que se va a armar en ese cuarto.

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