TRÓPICO CALIENTE: EL CASO DE JUANA LA CUBANA Y EL GAS DEL SWING. PARTE 2

En un banco conocido por ser el de los buenos vecinos, un seguridad se pone a pelear con un flaco encorbatado porque se estacionó de culo a la honesta institución bancaria. Mientras este parkingcidio se daba, las chicas con máscaras antigas llegan bailando en fila y gaseando a todo el mundo, los contendientes descritos al principio de este párrafo empiezan a bailar apambichaos en un solo mosaico.

Con las cajeras dándolo todo al ritmo de Juana la Cubana y el Gerente participando en un meneo sucio, las misteriosas mujeres vestidas con un traje de oficina sexy color rosa se marchan con bolsas de dinero enormes que nadie sabe como pueden cargar.

El Capitán Jiménez llega al Santo Tomás, al llegar ve como una enfermeras consuelan a Tugrí que acaba de enterarse que Michael Jackson ha muerto. Buchanan está indignadísimo porque ya no venden Fine and Neat y que los fijadores en spray de cabello ya no están permitidos por cuestiones de contaminación.

—¡Choclito! Pero qué te pasó, pareces una pasita muchacho, casi no te reconozco. —dice Buchanan sorprendido

—Capitán Jiménez ahora señores, ya tengo 50 años. Ustedes deben tener 60, pero dadas las circunstancias, pues ya me imagino.

—Entonces ¿Cuándo volvemos al DENI? —solloza Tugrí aun procesando la muerte del rey de pop.

—Así como volver, no lo creo, ustedes están oficialmente muertos, hasta sus nombres están en un monumento a las víctimas de la dictadura. —dice Jiménez

—Yo tengo grabaciones de gente de la dictadura, aun se le pueden hacer procesos. —dice Buchanan.

—Lo lamento, pero ese barco ya zarpó, los casetes fueron encontrados y destruidos, Estados Unidos invadió Panamá, la dictadura cayó y con ella toda oportunidad de procesar a los culpables. —comenta el Capitán.

El celular de Jiménez suena, el banco de los vecinos hipócritas ha sido robado cerca del hospital. Mientras el capitán habla, Buchanan y Tugrí se quedan mirando el extraño artefacto que tiene Jiménez en su oído. Cuando el capitán termina de hablar, Tugrí le pregunta cuánto le contó ese walkman y por qué no tiene audífonos. Jiménez le contesta que es un celular, como un troncal pero ahora la tecnología los hizo más pequeños, Tugrí y Buchanan dicen “Aaaaaah” como dos pendejos.

En ese momento un gran revuelo se da en el hospital, ha llegado al nosocomio el presidente de la República de Panamá, Francisco “Chito” Santizo, un hombre chiquito y de edad avanzada que se la pasa diciendo incoherencias, como la vez que fue a visitar el lugar de un siniestro en el interior, vio unas chabelitas y empezó a declamar “Cultivo una Rosa Blanca”.

Tugrí lo mira y lo recuerda solo que él era más joven, Buchanan le recuerda las veces que lo llevaba en su carro en la época militar para que percutara a la empleada en Chico la Moña, lugar que le daba bastante morbo al entonces muchachito presidente. El mandatario avergonzado, les pregunta qué quieren y ellos dicen que quieren volver a trabajar, entonces el presidente, con toda su investidura, poder y ahuevazón congénita, le asigna el caso de Juana la Cubana para horror de Jiménez que no tuvo otra opción que seguirle el juego al cuerdo presidente.

Unos días después de haberles hecho pruebas a ambos detectives, les son entregadas ropa, dinero y un Lada para trabajar. La investigación comienza y como todo en este rubro, empieza por la recolección de pruebas, o al menos es lo que me acabo de inventar, ustedes sigan el relato.

En el departamento de criminalística está el doctor Payares, un experto, analizando el gas utilizado para poner a bailar a la gente de las latas dejadas por las delincuentes.

—¿Qué ha encontrado doctor Payares?

—Pues es un derivado del gas de risa, pero con un contenido modificado, este se filtra a través de la nariz al sistema nervioso causando un nivel de desinhibición que es alterado por la música.

Buchanan observa los aparatos alrededor, el doctor Payares lo ve y le dice que no toque nada justo cuando iba a hacer andar una centrifugadora con muestras de sangre. Tugrí le pregunta al doctor si hay un antídoto, el doctor le dice que su equipo está desarrollando un antídoto. Buchanan pregunta si existen proveedores que vendan los ingredientes del gas, el doctor Payares le da una lista.

Tugrí y Buchanan van a hacer sus pesquisas, no sin antes perderse, casi chocar el carro, distraerse al ver los nuevos modelos de carros, preguntar por los diablos rojos que ya no están y tres horas después llegan a su destino. En los laboratorios Medplus, es donde se vende el gas anestesiante para los odontólogos, yo no me acuerdo como se llama científicamente, no me pidan rigor, así que lo dejaremos en gas de risa.

Una hermosa morrena pelirroja deslumbra a Tugrí en la recepción, bella y curvilínea lo saluda cordialmente. Buchanan se fija en otra mujer de clara ascendencia indígena, una cholita muy bella.

—Mira mi amor, nosotros tenemos una orden para que no entreguen la lista de clientes ¿Ustedes han visto algo raro?

—Aparte de dos ahuevaos vestidos como en los 80, no. —dice la pelirroja, Tugrí le susurra al Buchanan “las traemos locas”.

—Oye y que hacen para divertirse en pleno 2017 ¿No les gustaría saber como nos divertíamos nosotros en 1987? —dice el picarón del Buchanan.

Las chicas aceptan irse a salir con ellos, vana una discoteca donde piden hasta las botellas que tenía guardadas el jefe, Tugrí y Buchanan están extasiados pero demasiado borrachos para siquiera saber que estaba pasando. A la mañana siguiente despiertan en un hotel, desnudos y sin dinero ni carro.

Jiménez llega al hotel y les muestra el celular, Tugrí se encueró en la discoteca, todos los asistentes se estaban burlando de que lo tenía chiquito. Buchanan se peleó con una señora gorda que vendía arepas y esta le hizo una suplex. Las mujeres del laboratorio subieron a redes videos intimos donde se ve a Tugrí pedir la sopa del maromero y no se le paraba y Buchanan estaba dormido y fuera de combate.

—Pero ¿Cómo metieron ese VHS en esa vainita? —dijo Buchanan

—Ese no soy yo, déjese de vaina… —dice Tugrí señalando la pantalla del celular del cual se oye clarito a Tugrí diciendo su nombre completo.

—Ustedes no cambian, esto no son los 80 donde nadie se daba cuenta de sus locuras, esto es 2017 y hay ojos por todas partes, este aparatito es walkman, cámara de videos y fotos y teléfono a ala vez.

—¿Todo eso cabe ahí? —dice Buchanan.

—¡Y vendrán cosas peores!

En ese momento, en el banco llamado “Caja de Horrores” se estaba gestando otro robo con bailoteo, Jiménez les da la ropa y aprovechando el tirón bajan a darle persecución a la banda de Juana la Cubana.

Jiménez llama refuerzos, se montan Tugrí y Buchanan y sale el carro como pepita de guaba con sirena y toda vaina. La van rosada se ve perseguida y sale a toda velocidad chocando a otros carros, pero como Panamá no es Estados Unidos, los agarra un tranque y Jiménez juntos a los dos detectives logran atrapar a las bandidas.

Al desenmascararlas se encuentran con que son las mujeres del laboratorio Medplus. Ellas con su experiencia en química habían logrado modificar el gas de la risa y emprendieron su ola de crímenes. Pero no contaban que iban a ser descubiertas por pura casualidad por un par de policías que coincidentemente estaban cerca.

Días después Jiménez, junto con los detectives ochenteros fueron condecorados por el presidente Chito Santizo, que luego de declamar la Niña de Guatemala ante una desconcertada audiencia, les dio la Orden Vasco Núñez de Balboa y a Tugrí públicamente le dio un certificado en el Hospital San Fernando para un agrandamiento de pene.

Y así nuestros héroes terminan esta historia ¿Habrá más aventuras? No lo sé, ni me pregunten…

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