Un bochinche de navidad

Hace mucho tiempo, en la República Independiente del Guineo Chino, había un expresidente llamado Arnaldo Martín Tinelli. Tinelli fue un presidente aclamado por el pueblo pero detestado por sus enemigos, verán el man había hecho un negocio con los ladrones de banano de los países vecinos, ellos robaban los guineos en sus respectivos países y se lo vendían a precio de bicoca al gobierno de Tinelli, entonces las empresas del mandatario vendían a precio de oro el banano a países donde no crecía el plátano.

La mayoría del dinero se la repartían entre su gabinete y allegados, mientras el resto lo invertían en construir la montaña rusa más grande de todas las Repúblicas Bananeras. También los ladrones de plátano llevaban su dinero que obtenían de vender sus guineos robados y para lavar sus activos invertían en toda clase de negocios en la República del Guineo Chino, lo cual se tradujo en trabajo para todos, el pueblo estaba felíz excepto aquellos que no se comían el cuento.

Cuando llegaron las elecciones, Arnaldo llevo a su candidato pero perdió, y quedó en los años subsiguientes metido en toda clase de problemas legales y demandas. Cada vez que Arnaldo tenía que enfrentar a la justicia, misteriosamente sufría un accidente, desde caídas del triciclo del nieto hasta resbalones en el baño, con lo cual llegaba a los juicios con cuellos ortopédicos a dar lástima y cada vez que salía “no culpable” ocurría un milagro y quedaba Arnaldo soltando las muletas y saltando en un solo pie.

Una noche, Arnaldo estaba solo en su cuarto, era un 24 de diciembre a las 9 de la noche. De repente se le aparece un anciano del blancos cabellos y vestido haraposo:

-¿Quién eres? -dijo Arnaldo

-Soy el fantasma de los gobiernos pasados.

El fantasma le mostró todas las cosas que él hizo, como cuando recogía los guineos manzanos que los ladrones le robaban a mano armada a los agricultores de Chibchombia, le mostró como los maleantes le quitaban los plátanos a los niños de las manos o cuando usaba un software llamado “Bagasus” para escuchar las conversaciones de sus enemigos.

-A mi no me importa eso, eso lo hice por el país y lo volvería a hacer. -dijo Arnaldo

El fantasma de los gobiernos pasados solo movió la cabeza, marco tarjeta y le dio paso al fantasma de los gobiernos presentes. La aparición le mostró como quedó su país en ruinas, como los negocios del pasado se cayeron porque estaban cimentados sobre mentiras y como ahora, por ser un país de lavado del latrocinio de plátanos ninguna nación rica quiere invertir en la república , todo por su culpa.

-A mi no me importa eso, eso es porque yo no estoy gobernando, donde me monte en el poder, vuelvo y hago mis negocios.

El fantasma de los gobiernos presentes se fue y abrió paso al fantasma de los gobiernos futuros. El fantasma le mostró como seria su segundo mandato, como los demás países no caerían en sus engaños de vender plátano a sobreprecio y como sus compinches ladrones de guineo cantarían en los Estados Fundidos una vez fueron extraditados de Chibchombia. Se vió sin poder escapar de la ley encerrado y comiendo plátano macho en la cárcel.

Arnaldo se asustó tanto, que se tiro escalera abajo, rodó como una papaya y se hizo el lesionado para no tirarse a presidente en las próximas elecciones.

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