Soldado

En un pueblo asolado por la guerra, un soldado yace herido sobre el suelo. Sin poder moverse, acepta su destino de morir en batalla como su padre y los que vinieron antes que él. Mientras mira hacia el cielo, un rostro extraño pero hermoso le tapa la vista al sol, una chica de cabello negro y piel blanca como la nieve, mejillas rosadas y labios rojos lo levanta del suelo como puede, le da agua y lo lleva hasta su casa junto con un compañero del ejercito.

Pasaron varios días en el hogar de la chica donde el soldado hizo gran amistad con ella, una amistad donde aflorarían sentimientos de parte del guerrero que la veía como un ser perfecto, una estrella brillante entre la oscuridad y la muerte. También estaba su amigo, su compañero de batalla con quien había compartido tantos momentos difíciles. Había decidido quedarse hasta que llegara la ayuda.

Tres días después, fueron rescatados, la chica decidió irse con ellos y convertirse en voluntaria en el campamento para curar las heridas de los soldados lesionados. Durante meses, el combatiente iba a visitarla donde trabajaba y en sus ratos libres hablaban todo tipo de cosas. Su mirada se iluminaba la verla y su corazón latía rápido tan solo con su presencia.

Un día el soldado salió con una pequeña tropa a su cargo a una misión especial, terminada la misma volvieron al campamento y encontraron el mismo destruido, todos sus compañeros estaban muertos. Al llegar lo primero que hizo fue ir a la enfermería con la esperanza de encontrar a su amor con vida, ahí estaba ella ensangrentada y desfigurada. La tomo en sus brazos, de repente escuchó disparos, era el enemigo atacando, los habían emboscado.

Salió a defender lo poco que quedaba pero al llegar donde su tropa estaban muertos, los enemigos a lo lejos en sus vehículos se marchaban con varios prisioneros, buscó a su compañero pero no lo halló en ninguna parte, asumiendo que fue capturado corre inmediatamente a radiar al campamento más cercano por ayuda. Sin embargo un niño le detiene:

-Hola -dice el niño.

-¿Qué haces aquí? ¡Es peligroso! -responde el soldado

-Viendo el desastre, sabes puedo ayudarte con lo que estás pensando.

-¿Qué vas a saber tú lo que pienso? Vamos niño ven conmigo, no es seguro aquí.

-Si quieres despedirte de ella se de un lugar donde puedes ir.

El soldado lo mira asombrado, lo toma del brazo y le pregunta que sabe él del ataque, el niño ríe y le indica que hay unas ruinas antiguas al sur, donde hay un portal abierto al mas allá, el puede llevarlo para que vaya y por lo menos pueda decirle lo que siente a su amada. Los ojos del soldado se llenan de lágrimas, baja la mirada y al levantarla para hablarle al niño ve que este desaparece.

Seguidamente, luego de enterrar a los muertos, el soldado se encamina hacia las ruinas. Ahí ve un portal, inseguro mete una mano y siente una frialdad que le hiela la sangre. Decidido entra al portal y aparece en un lugar que el podría llamar el infierno. Un lugar frío y desolado con millones de almas desnudas tiritando de frío, de repente empieza a escuchar una voz que le dice «ayúdame, sácame de aquí». Hacia arriba ve una escalera con una luz brillante y dos seres altos y luminosos guardándola.

El soldado camina hacia la escalera, todo aquel que se acerca es repelido por las lanzas de los seres luminosos, el soldado saca su arma pero los dos entes le sonríen:

-Te estábamos esperando, tu no eres un alma condenada, puedes subir.

-Entonces no opondrán resistencia -dice el soldado guardando el arma y subiendo la escalera.

El combatiente llega hasta luz y se encuentra con un lugar cálido, jardines y fuentes doradas, al lado de una tinaja de plata llena de agua, está el niño que le sonríe. Este se acerca al soldado, lo toma de la mano y le dice que la chica no se encuentra ahí, el soldado confundido le pregunta si está en algún otro lado del paraíso. El niño pone semblante serio y le indica que se acerque a la tinaja de plata y vea lo que refleja el agua. Lo que el soldado vio, lo dejó perplejo, al punto que una lagrima rodo por su mejilla y ya no pudo ver más al cabo de un momento.

El niño lo acompañó a la entrada por donde llego y le señaló un punto específico del infierno, ahí estaba ella, mirándolo y extendiendo sus brazos clamando por ayuda. El soldado tuvo un impulso por ir hacia ella pero sintió que no podía moverse, el niño le dijo:

-A veces, cuando estamos en una situación difícil de gran soledad y desesperación, llegan personas que nos ayudan, nos confortan y nos dan esperanza. En ocasiones la gente como tú construye fantasías alrededor de estas personas, ella merece estar ahí pero no por nada que te haya hecho, el dolor que te causó ver lo que viste te lo ocasionaste tú, ella nunca te engañó, nunca te dio esperanza ni razones para pensar que te podía corresponder, sin embargo te negaste a verla como lo que verdaderamente es. Mientras no aprendas a mirar a las personas con sus claros, oscuros y matices, jamás podrás amar ni ser amado. Ahora regresa a tu mundo y haz lo que tengas que hacer y no vuelvas hasta que sea tu tiempo.

El soldado regresa al campamento donde divisa el equipo de rescate buscando sobrevivientes, lo que el pensó fueron instantes en el más allá, en la tierra fueron tres días. Al identificarse lo llevan a la enfermería donde encuentra a su amigo, recientemente rescatado de las garras del enemigo. Al verlo se abrazan y conversan por horas acerca de su experiencia en el campo de prisioneros.

Al caer la noche el soldado le dice a su amigo que lo acompañe, que necesita contarle algo. Ambos salen de la barraca y se van a un lugar apartado para hablar, estando en el sitio, el soldado mira a los ojos a su amigo, le sonríe, saca su arma y le dispara en el pecho. El compañero tumbado sobre el suelo, agoniza mirando hacia el cielo estrellado que de repente es bloqueado por la efigie del soldado que mirándolo a los ojos, lo remata con un tiro en la frente.

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