La Princesa Dai y el Caballero del Wargo

Había una vez, en el reino de Alfagor una hermosa princesa llamada Lady Dai. Su padre, el Rey, estaba preocupado porque con 32 años todavía no se había casado ya que no había hombre que la “soportara”. Dai era una mujer inteligente, sagaz, tenía un don para la oratoria que dejaba maravillados a todos. Su piel era blanca como la nieve, su cabello negro azabache y unos ojos negros expresivos y llenos de fuego.

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Dai tenía un problema y es que ella era más inteligente que la media de los hombres que conocía, siempre terminaba lastimando el orgullo masculino de sus pretendientes y eso muchos no lo toleraban, ni siquiera su padre que la engendró junto con la reina gobernante de otro reino al este de Alfagor, no se casaron así que los primeros 15 años Dai los pasó con su madre y los siguientes 17 con su padre.

El hecho es que el Rey fue a los aposentos de la princesa:

-Ya es hora de que sientes cabeza, se que te gustan los bailes del reino y a veces te me vas a escondidas por ahí, pero eres mi única hija, me estoy volviendo viejo y necesito un heredero.

-Herédame a mi -dijo la princesa -Yo soy perfectamente capaz de gobernar.

-No, los dioses lo prohíban, entregarle el poder a una mujer es peligroso, uno nunca sabe lo que piensan.

-Hagamos algo, organiza un torneo en cada ciudad estado del reino.

-Perfecto no se diga más, los caballeros ganadores tendrán una audiencia personal contigo y tú escogerás el que más te guste ¡Sin importar que sea el menos malo!

-OK, pero tienes que elegir a alguien de Ravenheart, sino no accederé.

-¿Qué? Pero esa gentuza del puerto de Ravenheart es tan corriente, no me agradan.

-Entonces iré al reino de mi Madre y tú sabrás…

-¡Jamás lo permitiré!

-Ravenheart o nada…

Al día siguiente, una misiva llegó a cada reino, combates formidables y torneos impresionantes se dieron a cabo, jamás una princesa estuvo tan peleada desde el incidente de Lady Matilda hace 200 años donde hasta los jornaleros se entraron a machetazos solo por ir a la boda.

Como lo prometió el Rey, la misiva llego a la pequeña ciudad estado de Ravenheart, un pueblo alejado de la capital donde Lord Francis, el señor de la ciudad, tenía un hijo de 34 años, soltero y cazador de toda clase de monstruos, era un tipo grande, musculoso, con el cuerpo lleno de cicatrices, mentón cuadrado y facciones duras, no era terriblemente feo, pero tampoco un príncipe encantador, más que el hijo de un noble, pasaba como albañil.

Los hombres de Ravenheart tienen un problema y es que son raritos, penosos y un poco cobardes. El único que había roto el molde fue Samuel, el hijo de Lord Francis que era un niño rechoncho en su juventud que pasaba todo su tiempo leyendo novelas de caballería. Su sueño dorado era ser un caballero y a la edad de 18 entrenó tan duro por su cuenta, que se convirtió en un celebre cazador de monstruos en las tierras del sur fuera de Alfagor. Sin embargo, por la mala sangre que les tiene el Rey a los de Ravenheart, jamás un hombre de la ciudad fue ordenado caballero.

Samuel era un tipo particular, buena gente, algo tosco e inocente lo cual no cuadraba con las mujeres que conocía, su corazón era el de un niño. Su único amigo era el mago del pueblo, Myrdym, que tenia un don muy especial para ver el futuro. Sam era un tipo que no confiaba en los caballos, desde que uno lo pateó en la cara, y criaba lobos gigantes llamados wargos a los cuales usaba como su montura, el más querido era una bestia majestuosa llamada Loki, un macho que no se llevaba con nadie más que con Sam, era un lobo enorme de pelo negro ondulado.

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Cabalgando sobre el wargo, Samuel llegó al castillo de su padre donde se reunieron para leer la misiva. El padre estaba totalmente sorprendido, nunca nadie daba un centavo por su pueblo, las ciudades del sur fuera del reino vitoreaban a su hijo como un héroe, pero dentro de Alfagor, Sam no era nadie y lo que más le preocupaba es que su hijo no tenía un sentido del estilo, no se comportaba como un noble y lo peor, esos sucios lobos Wargos que cría para montar en vez de usar caballos como la gente normal.

Al llegar Sam, lo primero que vio fue a un sacerdote de templo de los 6, los dioses que adoran en Alfagor, cada ciudad estado está dedicada a un dios estando el templo principal en la capital. Los ojos de Sam se iluminaron al ver al sacerdote ya que eso significaba una sola cosa: alguien sería ordenado caballero, por primera vez desde el ascenso del actual Rey hace 40 años.

-Padre ¿Quién será ordenado caballero? Mi primo Reuben es una buena opción, el no combate, pero por lo menos da el pego.

-Serás tú… -dice Lord Francis

Sam es llevado para hacer el ritual de ordenamiento, sus ojos expresivos, casi infantiles con sus largas pestañas se abren al ver una brillante armadura con una espada enorme hecha a su medida. Lord Francis le avisa que la armadura y la espada la escogió Myrdym y que él supervisó a los herreros que la hicieron.

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Sam le hizo guardia a sus armas todas una noche, pasar una noche en vela en franca oración no le costó mucho porque estaba tan emocionado, su sueño se hace realidad, finalmente. Al día siguiente, frente al pueblo, posando la espada imperial en cada hombro, es nombrado sir Samuel de Ravenheart, el caballero del Wargo.

Un mes después, los caballeros de las seis ciudades llegaron a la capital del reino a visitar a la princesa. Un gran desfile se celebró para recibirlos. Todos llevaban grandes regalos a Lady Dai, Sam solo llevaba un ungüento que Myrdym le dio y le indicó que le dijera a la princesa que lo abriera en el momento indicado. Sam le preguntó que era y él le dijo que eso no era de su incumbencia.

En la noche hubo un gran baile donde asistió toda la nobleza de Alfagor, las mujeres más hermosas del reino se reunieron, los caballeros, uno más atractivo y elegante que el anterior, sacaban a bailar a la princesa que gustosa participaba de las festividades, todos menos Sam que no sabía bailar ni una zarzuela, el solo sabía pelear.

Sam estaba en una esquina, bebiendo y comiendo con los capitanes de la guardia con los que hizo migas de inmediato. Los demás caballeros lo despreciaban y lo miraban por encima del hombro por ser tan salvaje, en especial se burlaban de que cabalgaba un wargo. Más tarde, Lady Dai paseó en los jardines del castillo para conocer a los caballeros quienes hablaban de sus grandes hazañas, riquezas y virtudes, Dai los escuchaba atentamente y los despachaba sin decirles nada, solo una sonrisa y una venia.

Lord Francis, viendo que casi era hora y Sam no había hablado con la princesa fue a buscarlo, lo encontró jugando vencidas con el capitán de la 10ma guarnición del castillo. Lo reprendió y lo llevó a la entrada del jardín, ahí estaba el Rey que los miraba mal desde la distancia. Sam vio a la princesa y le gustó tanto que sus mejillas se enrojecieron, era tanta la pena que tenía que se puso el casco.

-Falta mi hijo su majestad, sir Samuel de Ravenheart

-La princesa ya se va a dormir -dijo el Rey -Está cansada, lamento que hayan hecho el viaje por nada.

-¡Yo no estoy cansada! -dijo Lady Dai -Además yo quiero conocer a sir Samuel de Ravenheart ¿Me acompaña caballero?

Sam estaba paralizado con el casco puesto y a duras penas se pudo acercar a ella, esto al Rey le parecía muy gracioso y Lord Francis no sabía donde meter la cara. Dai notando la situación pidió que los dejaran solos, esto hizo que el corazón de Sam empezara a latir rapidísimo.

-Padres, son tan molestos… -dijo Lady Dai -Por favor baja tu cabeza… -Seguidamente ella le quita el casco a Sam, al mirarlo esboza una enorme sonrisa, una sonrisa sincera que no le había regalado a nadie más. -Ahora sí podemos hablar…

-Sí eh… -Tratando de buscar algo coherente en su cabeza. -¿Cómo te llamas? -pregunta lamentándolo inmediatamente, Dai empieza a reírse a carcajadas.

-Lo siento es una pregunta tonta ¿Te gusta el pan? -Dai ríe aun más fuerte, a Sam se le derrumba el mundo encima. Luego Dai se contiene y le dice:

-Disculpa, no me estoy riendo de ti, me estoy riendo de los idiotas que vinieron a cortejarme antes que tú ¿Sabías que eres el único que me ha hecho una pregunta? Bueno dos…

-Lo siento es que…

-Eres de Ravenheart…

-Bueno es que no solo puedes llamarte Dai, es un nombre muy simple para una princesa…

-¡Oh entiendo! Mi nombre completo Daibelis Sofía Athena de Alfagor y Themiscyra

-¿Themiscyra? Suena helenístico ese nombre.

-Sí, la familia de mi madre lo es ¿Cómo sabes?

-Bebo y se cosas… -dice Sam

-¿Estás tratando de colarme una referencia a Batalla de Tronos?

-Esa línea es de Amadís de Gaula originalmente, el escritor de batalla de Tronos se la robó para dársela al enano ese del libro.

-¡Oh tenemos un conocedor! Pasaste mi prueba -Dice Dai. -Y sí me gusta el pan, el de Lembas pero lo como una vez al año, para la natividad.

-Pues deberías venir a Ravenheart, en la ciudad hay un elfo panadero que lo hace todo el año.

-Quiero pedirte un favor. -dice la princesa.

-Lo que tú quieras.

-Quiero ver a tu wargo

-No, él solo se lleva conmigo, tuve que llevarlo yo mismo a los establos porque no se dejaba llevar por nadie, en serio, es peligroso.

-No tengo miedo

Por una puerta secreta se fueron a los establos, Sam entró primero y sacó a Loki. Dai respiraba con fuerza de la impresión, el lobo primero la miró con desconfianza con la cola levantada, Sam le indicaba que la bajara, Dai se acercó, Loki la empezó a oler y a acercarse. Poco a poco el lobo fue bajando la cola y empezó a moverla para sorpresa de Sam, él solo la movía cuando estaba con él. Con la suavidad de un cachorro el wargo empezó a lamer la mano de la princesa que contenta acariciaba su negro y ondulado pelo.

Sam y Dai hablaron toda la noche y por hablar pues tuvieron una larga conversación, una real donde ella realmente se sintió escuchada, Sam estaba realmente interesado en las inquietudes y razonamientos de Dai y por primera vez ella se había relacionado con un hombre con un intelecto a la altura de sus capacidades. Tuvo que ir el Rey y Lord Francis a buscarlos porque llegaba la mañana y la ceremonia de escogencia era pronto.

Durante la mañana se celebró un desayuno con la presencia de los altos potentados del reino, al final se reunieron en el patio central del castillo, donde Dai finalmente elegiría a su futuro esposo. Sin embargo, el ambiente empezó a ponerse raro, el cielo se oscureció y un mago, viejo y vestido de negro, montado en un dragón rojo aterrizó en el centro del patio. Todo el mundo se escondió dentro del castillo excepto los caballeros.

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-Soy Caronte, señor de las Montañas Tenebrosas y vengo a competir por el amor de la princesa. No pretendo tomarla por la fuerza, así que les haré un desafío valientes caballeros, si derrotan a mi dragón yo me iré en paz.

Samuel empezó a observar las armas de los demás, todas eran de atrezzo y estaban más asustados que gallina a punto de ser degollada. Pronto se dio cuenta que la espada enorme sobre su espalda era una mata dragones, con la confianza que le da haber matado a varias bestias, Sam se lanza al combate derribando del camino a los inútiles caballeros asustados.

El dragón le lanza un coletazo a Samuel mandándolo a volar contra una pared que destruye con su cuerpo, el mago se echa a reír y se burla, pero luego su rostro cambia cuando ve a Sam levantarse entre los escombros y embestir a la bestia lanzándole mandobles, el dragón lanza llamas de su hocico que apenas tocan al caballero que con un gran movimiento se logra acercar al dragón y le corta la cabeza, del cuello del dragón sale abundante sangre que empapa a los cobardes caballeros restantes y al mago.

La gente sale de su escondite, Dai corre hacia Samuel para saber si está bien. El mago consternado sobre el cuerpo del dragón mira con odio a Sam.

-Puedo ver en tu corazón lo que más quieres en el mundo, tu me quitaste lo que más quería así es que ojo por ojo diente por diente. -dice el mago que seguidamente mira a Dai y le lanza una poción en el rostro, el primer impulso de Sam es sacar su espada y matar al mago, mientras Dai se retuerce de dolor con su rostro desfigurado.

Los caballeros al ver la escena y la cara la princesa, se excusan uno a uno y se retiran, todos excepto Sam que se queda al lado de Dai a esperar al médico. El médico inspecciona el rostro de Dai que se ha desmayado del dolor, su cara esta llena de bubones purulentos y malolientes.

-¿Que podemos hacer? -dice el Rey desesperado

-Por suerte el efecto de esta poción tiene cura, pero la planta necesaria para curar a la princesa solo se puede conseguir en un lugar muy peligroso.

-¿Dónde es? Yo iré. -dice Sam sin siquiera pestañear.

-No me entiende sir Samuel, en la cueva viven unos elfos salvajes muy hostiles y fuertes.

-No me interesa -dice Sam mirando a Daibelis con decisión.

Lord Francis toma a su hijo aparte:

-Hijo piénsalo, no vale la pena, de todas maneras, esta familia siempre trató a nuestro pueblo como basura, por mí que se quede así toda la vida.

-Para mi sí vale la pena, yo no se que problemas tendrás con el Rey, pero sea lo que sea Daibelis no tiene la culpa.

Sam cabalgó por días hasta la cueva, al entrar se encontró con los elfos que lo atacaron sin piedad, Samuel los mató a todos con gran dificultad, mal herido llegó hasta la planta, pero sus heridas eran tan graves que se tropezó y cayó por un agujero en la cueva y no pudo subir por su cuenta. Dispuesto a morir y sin poder moverse, Samuel solo encontraba consuelo en que por lo menos pudo conocerla, cerró los ojos y esperó la muerte con la imagen de su hermosa princesa en su mente.

En el castillo de Alfagor la preocupación aumentaba con cada día que Samuel no regresaba, Daibelis con una hermosa máscara esperaba en la ventana, no le importaba la medicina, no le importaba su rostro, le importaba ver regresar a Sam sano y salvo. Dai se da vuelta y ve el regalo que le hizo Sam, en ese momento entra el médico del castillo a ver como está la paciente. De repente el medico siente un olor particular y le pide a Dai que abra la botella con el ungüento.

La cara del médico se ilumina, es un extracto de la planta necesaria para curar el rostro de la princesa, Dai se quita la máscara se unta el extracto y mágicamente su rostro vuelve a ser tan bello como antes. Alguien toca la puerta con fuerza, es un sirviente que avisa que el lobo wargo de Samuel ha llegado a la entrada del castillo y que está agresivo.

Daibelis baja y logra calmar a Loki, todos se sorprenden al ver a la princesa curada, seguidamente pregunta a uno de los guardias, un hombre más o menos de la talla de la princesa, si le puede prestar su armadura, este se ríe y la princesa seriamente lo amenaza con mandarle a cortar la cabeza si no le presta la armadura, a lo que el soldado accede.

Decidida, y armada hasta los dientes, Daibelis va montada sobre Loki. Al llegar a la cueva se da cuenta que una nueva tribu de elfos ha rodeado la cueva. De su carcaj saca flechas y dispara a varios que corren hacia ella para atacarla, Loki destroza a otros más mientras ella se baja de la montura y les da muerte a los demás elfos sin siquiera despeinarse.

Habiendo matado a todos los enemigos, Loki empieza a rastrear el olor de Samuel hasta que da con el hueco donde está metido. Para aligerar el peso, Daibelis se quita parte de su armadura mostrando unos brazos fuertes, baja con una cuerda y encuentra a Samuel inconsciente pero vivo, lo levanta a pesar de ser más alto que ella, lo amarra a la cuerda para que Loki lo hale. Luego de subir ella, lo monta sobre Loki y juntos se van al castillo.

Tres días después, Samuel despierta, aun le duelen las heridas, pero logra incorporarse en la cama, al fondo de la habitación ve a Daibelis, sus ojos se iluminan al verla curada finalmente. Ella le sonríe con esa alegría que pocos habían visto.

-¿Quién me trajo?

-Yo… -dice Daibelies, Samuel se ríe, Dai no deja de sonréir, Sam sigue riendo hasta que de repente una idea interrumpe su risa.

-Alfagor y Themiscyra, ahora lo recuerdo ¿Eres mitad amazona? Tu madre es una amazona, los 15 años que viviste con ella era… Tu entrenamiento.

-A mi Padre no le hace gracia esa parte de mi vida.

De repente el rostro de Sam se empieza a desencajar, triste mira hacia la ventana. Daibelis se levanta, se sienta en la cama junto con el caballero y le pregunta que pasa.

-Ahora entiendo por qué a tus 32 años no tienes esposo, eres una amazona por ende pues, tu pareja debe ser…

-Otra mujer… -dice Daibelis

-Correcto… -dice Sam, Daibelis lo toma por el rostro y lo besa. Luego se separa de él y dice:

-Por eso me fui de Themiscyra, a mí me gustan los hombres…

Fin…

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